lunes, agosto 27, 2012

La nena


Llegó un día, sola. Se quedo parada frente a la puerta abierta del departamento, mientras yo la observaba de reojo, sentado en el sillón. Se veía hambrienta, cansada y asediada por el sol indolente de la primavera fronteriza.
Probablemente fue un sábado. Con el mayor sigilo me levante del sillón, me dirigí a la cocina, donde tomé un plato desechable y puse algunas sobras de comida en él. Gesto que de entrada parecía inútil, pues al verme aparecer corrió despavorida.
Dejé el plato en el suelo  y volví al sillón donde el sueño llego de improviso. Me desperté algunos minutos después empapado en sudor, para darme cuenta que había vuelto y veía como con celeridad comía lo que había dejado ahí para ella. Cuando hubo acabado comencé a llamarla, pero al escucharme, nuevamente huyo.
Al otro día, por la mañana, cuando abrí de nuevo la puerta para ventilar el departamento, ahí estaba de nuevo, echada al lado de la maceta con una palmera muerta en ella, esperando por mi, para alimentarla, busque un tazón que no utilizara regularmente y en él le serví leche fría, se la puse, en el suelo,  y aunque retrocedió nerviosa un poco primero, en seguida se acercó a tomar del recipiente, me agache para acariciarle el lomo color chocolate y aunque de entrada asumió una actitud sigilosa, al final se dejó hacer.
Era una gata callejera en apariencia, muy flaca, con unos hermosos ojos verdes. Sus patas delanteras terminaban en color blanco, por lo que daba la impresión de tener un par de guantes puestos sobre sus brazos color chocolate, como el resto de su cuerpo.
-  Mira nada más, la gatita usa guantes, eres una gata burguesa – dije jugando, y ella en respuesta se relamió los bigotes y cerro los ojos con coquetería.
Regresé a la rutina el lunes, trabajo, dentista, pagos y demás, llegué al departamento pasadas las siete de la noche y ahí estaba esperando, para ser alimentada, levanté el tazón del suelo y abrí la puerta, lave el traste para servirle lo primero que encontré a mano para que comiera. Y ella se quedo en la puerta del departamento viendo hacia adentro, buscándome con la mirada, esperando paciente para comer. Fue así como esto se volvió parte de mí día a día, la gata me esperaba afuera del departamento por las tardes para que yo la alimentara, compré un saco de alimento genérico para gatos en el almacén, y cada tarde le daba un tazón rebosante de croquetas. Y ella se quedaba siempre afuera, viendo hacia mi hogar desde la puerta. Yo comencé a llamarla “Nena”, si bien no era formalmente mi mascota, merecía un nombre, y la imaginación no dio para mucho.
Ocurrió un viernes por la tarde, como a veces pasa por estos lares, que sin esperarlo cayó una tormenta que me detuvo de más en el transito de por si pesado de esta mal diseñada ciudad. Mi sorpresa fue enorme al encontrarme a la Nena, empapada recargada en la puerta, esperando por mi.
Levante el plato lleno de agua de lluvia, abrí la puerta y me dirigí a la cocina a lavarlo cuando reaccione que había dejado lo puerta abierta y que si no la cerraba pronto terminaría con un charco en la sala, me regresé a cerrar y fue ahí cuando note que la Nena, seguía parada en la puerta, sin animarse a entrar, temblando, mojándose con la lluvia que el viento empujaba hacia mi departamento. Corrí al baño, descolgué una toalla, regresé, la envolví, y cerré la puerta, más tarde secaría el piso. Lleve a la Nena en brazos hasta la cocina, le serví sus croquetas y un poco de leche calentada en el micro ondas. 
Esa noche, la nena durmió bajo el sillón, donde yo me quede dormido con la tele encendida. Al otro día, abrí la puerta por costumbre, era una mañana nublada, y aparentemente el calor nos dio tregua, la gata al ver la puerta abierta se acercó y se sentó en el marco viendo hacia afuera, observando el patio encharcado y las gotas que aun caí por el alero. Y contemplaba fijamente el cielo gris, con esos ojos gatunos, tan verdes. Se quedo ahí, largo rato, inmóvil.
El tiempo pasó y un día de la nada la Nena desapreció. Y desde entonces, cada amanecer nublado de un sábado me pregunto ¿Qué pensará un gato viendo hacia afuera desde la puerta de casa?

jueves, agosto 02, 2012

El último explorador

BEF, José Luis Zarate y Alberto Chimal



En el marco del 1er Encuentro Nacional de escritores, el pasado sábado 28 de julio; acompañado de BEF  y José Luis Zarate, el escritor Alberto Chimal presentó su libro “El último explorador” en el Teatro de Reynosa.

Alberto Chimal momentos antes de leer "Las ciudades se levantan"


En una amena charla entre el autor y los escritores invitados, quienes compartieron textos alusivos a este nuevo trabajo, algunos detalles de la obra fueron llegando al auditorio. Fue el propio Chimal quien leyó a los asistentes el caso con el que inicia esta serie de relatos inéditos.

"El último explorador" firmado por el autor.


“El último de explorador” es un libro difícil de adjetivar. Es sin duda una obra fantástica, pero también es un libro de aventuras, y tiene algo de novela negra. El libro narra las nuevas aventuras de Horacio Kustos, el proto action man mexicano, un investigador de asuntos fuera de lo normal, con un toque de detective, de buscador de tesoros, un aventurero. Es además una especie de escriba de sus propias peripecias. O quizá simplemente un loco.
El ritmo de este texto juega con el lector, entre notas al pie y tachaduras, con juegos temporales que hacen desear no perder detalle de lo que ocurre. Solo la maravillosa pluma de Chimal te hace ir del Barrio de Tepito a un piso en Barcelona de una línea a otra. Solo el ingenio de este texto hace ver verosímiles a animales con características humanas ¿o humanos que no son del todo humanos?
Incluso, nos deja ver como se fabrican computadoras de una forma tan maravillosa que, quienes conocemos las líneas de ensamble de electrónicos preferimos la forma en que Kustos lo describe, a lo que vemos en una gris nave industrial.
Este es un libro que más allá de las reseñas o críticas que podamos buscar al respecto hay que leerlo. Independientemente del genero que habitualmente disfrutemos, si eres fan de la literatura fantástica, de lo extraordinario, sin duda disfrutaras mucho esta lectura, aunque no importa si eres militante de lo que el escritor Pepe Rojo denominó “huestes realistas”, es un libro que simplemente te atrapa.

No podía faltar la foto con el maestro Chimal.


Y con esta entrada cierro el ciclo dedicado al 1er Encuentro Nacional de Escritores en Reynosa.