lunes, noviembre 27, 2006

Como el mar entre rocas...

Resumen semanal.


- Proyectos que no toman forma.
- Asensos que se hacen esperar.
- Problemas en el núcleo original (¡¡¡Por Dios, que el día que se dé una buena nueva me da un infarto!!!).




Previo a lo anterior.


Tú te has ido, eres un pequeño espacio dentro de mi vacío interior. Lo comento con el más preciado de los amigos y recibo en respuesta una estupidez.


Y cuando las nubes grises se apoderaban del firmamento recordé que aquella lejana y misteriosa mujer, en la intimidad más fría que existe me dijo alguna vez: -“Tú vacío no se llena con más carne”. ¡Cuánto razón!


Veo su sonrisa trasatlántica y al instante sonrío en complicidad, aunque ella solo conozca mi sonrisa en plenitud pasada, y reafirmo que nos tenemos a pesar de todo.


Ahora salgo a la calle y con paso firme las nubes grises se desvanecen.




El día de hoy.



- La lejanía permea el kilometraje: - Mi garrafa de agua está vacía.
- El conflicto a parece donde nunca lo imaginé: - Pan, jamón y queso, por favor anótelo en mi cuenta.
- Caigo en cuenta que debo hacer cambios: - ¿Bueno? ¿Hola? ¡Maldito celular, por que no funcionas!
- Acción, movimiento, no puedo estancarme: -¡Puta bombilla, a buena hora te fundes!




La noche:


Inserto un CD en el Micro Hi Fi System y caigo en cuenta que siempre me quedará la voz de Sole cantando...



“Te llevaré al limite de mis sueños...”



Y entre sueños abrazo mi almohada y me siento ESTUPIDEMANTE RECONFORTADO.





Recomendación para recostarse en el diván.


Selección natural. Presuntos implicados.
(19 éxitos remasterizados)
WEA 2002.

miércoles, noviembre 22, 2006

La princesa que no creía en cuentos de hadas V3.0

Una princesa de un lejano país de occidente abrumada por las coincidencias decide huir por el bosque oscuro, y romper con aquel ciclo.

Esta princesa no creía en las hadas, no obstante, siempre era seguida por su hada madrina a todos lados. Pero como la princesa no tenia fe en estos seres, su hada no podía intervenir por ella, hasta que la princesa, con fe la invocase.

Caminando por el bosque oscuro la princesa sufrió tropiezos y rasguños, pero nunca invocó a su hada. Y siempre, como su sombra, el hada esperaba aquel llamado para socorrerla.

Agotada por el camino rocoso en sus zapatillas de cristal, la princesa decidió tomar un breve descanso sobre una roca, en un paraje iluminado por la luz de la luna llena en medio de aquel tétrico lugar.

Entre el cansancio y el sueño la princesa se sintió observada, hasta que se percato que una silueta alta y delgada se aproximaba con la mirada fija en ella.

La silueta se hizo más clara y se percato que era un joven de noble vestimenta, piel blanca, tan blanca como la misma luna que los iluminaba, delgado, muy delgado y con la mirada más triste que hubiera sobre la faz de la tierra.

La princesa no sintió temor alguno; al contrario, se preguntaba el porque aquel joven la miraba, se preguntaba que pena le atormentaría para que sus ojos proyectaran tanta melancolía. Y de momento quiso abrazarlo, quedarse a su lado para reconfortarlo y ahuyentar el dolor de su alma.

Él, un príncipe exiliado de oriente, vio en ella la nobleza de la sangre y la pureza de corazón necesaria para que él fuese liberado del maleficio que una despiadada bruja había lanzado sobre él.

Y el hada vio el peligro mortal que corría la princesa, pues el maleficio que aquella bruja lanzó sobre el príncipe sólo podía romperse por el beso espontáneo de una mujer de sangre noble y corazón puro, un beso intenso en el que la mujer entregará su amor y su propia vida.

El príncipe sabía esto, no obstante permitió que la princesa se acercará y lo tomara de las manos, que acariciara su rostro y se apoyara en él... y cupido, aquel embustero, hizo blanco en ellos...

Y caminaron en silencio a través del bosque, ella se sintió enamorada al instante y él deseoso de poder besarla.

El dilema cruzó por la mente de príncipe, besarla para liberarse del tormentoso maleficio o dejarla ir para que su nuevo amor viviera. Pero el egoísmo se hizo presente y él solo dejo que sus labios encontraran el camino.

Y el hada fue impotente testigo de aquel beso mortal, el viento frío sopló...

Y el príncipe, que llevaba cincuenta años con el maleficio aquel, se vio liberado del mismo y convertido en un decrepito anciano al que la muerte ya esperaba impaciente.

La princesa cayo desvanecida sobre el camino, y el hada, en contra de todo mandato se hizo presente en su agonía.

- ¿Quién eres tú, mujer?
- Soy su hada protectora su alteza...
- Pero... ¡Yo no creo en las hadas!
- Yo lo sé, pero sólo he venido a reconfortarla en sus últimos momentos
- Mira... mira cuantas mariposas, son tan bellas en medio de este horrible bosque...
- Es su alma su majestad, las mariposas son su espíritu que quiere despedirse de su cuerpo... Es momento su excelencia que cierre sus ojos y se deje llevar...

La princesa así lo hizo, y durmió el sueño eterno que a todos nos espera.

Epilogo.

Y aquella amiga mía, después de tan extraño sueño, al despertar se dio cuenta de que el mundo seguía siendo el mismo o mejor, sin él a su lado.


Dedicado:
A ti mi amiga, TQM.

Ilustraciones:

- “Reflexión del hada sobre poema de Benedetti”. Colage del autor.
- “Muerte del lepidóptero sobre poema de Sabines”. Acuarela del autor.



domingo, noviembre 19, 2006

Mike by Brenda & La Tia Miguelona.




Era un ejercicio simple, colage a dos manos, Brenda y Yo. Yo dibujaba el rostro en cartulina y ella haría el resto.

De pronto ella comienza a fondear...

Yo.- ¿Qué se supone que es eso?
Ella.- El mar...
Yo.- ¿Y por qué el mar?
Ella.- Porque ahí es donde te gustaría estar...
-MUTIS-

Tus filias se forman por el trato cotidiano, por coincidencias gratas, por afinidad vampirica, por lo que sea.

Hay personas que te conocen a través del tiempo y otras que simplemente te leen como un libro abierto, y Brenda, con toda su inexperiencia, pertenece a estas últimas.

Mientras dibujaba, daba a cada pueril figura una simbolismo, un significado que quedara grabado no en este diván, ni escrito en mi libreta de anotaciones, sino en mi corazón.

¡Gracias Brendita! Tocaste una fibra sensible y salí intacto.

lunes, noviembre 13, 2006

A suicidal way of love (A gay story)



- 1 -

Una nevada tarde de diciembre, en el interior de un apartamento, sobre el lujoso sillón reposaban; agotados tras la intensa faena dos hombres jóvenes quienes intercambiaban amorosas miradas de complicidad.

Agustín, rubio, ojos azules, delgado con un cuerpo delineado por el yoga, sus labios delgados y rozados dibujaban una sutil sonrisa mientras sus ojos no perdían detalle del torso vigoroso de su objeto de deseo, Ignacio, quien descansaba apoyado en su regazo.

Ignacio, un par de años más joven, moreno asiduo al gimnasio, había encontrado en Agustín más que a su amante, al amigo solicito que le apoyaba sin reparo en sus proyectos destinados al fracaso. Derrota tras derrota, Agustín estaba ahí, consolando, dando aliento y entregándose a él incondicionalmente.

Pero la voluntad de Ignacio se quebraba, sus impulsos se hundía y esa energía que le caracterizaba estaba acabada. Lo único que lo mantenía con un aliento vital era Agustín.
Agustín, por su lado, notaba en el triste semblante de su compañero que algo estaba mal, y esa tarde, mientras acariciaba el cabello rizado de su amado con la mano derecha y con la izquierda recorría el fuerte abdomen moreno, decidió confrontar aquella tristeza.

- Ignacio ¿Qué tienes? ¿Algo anda mal?
- No, no es nada pequeño, simplemente estoy un poco en la depre, ya pasará.
- No me gusta verte así. Estas ausente, triste... siento una impotencia terrible de no poder ayudarte.

Ignacio se incorpora y coloca sus fuertes manos al costado del rostro de Agustín, con una delicadeza inimaginable en un sujeto tan fornido, besa suavemente los labios de Agustín un instante. Se sienta a su lado, lo rodea con sus brazos por la cintura y apoya su rostro sobre el blanco pecho.

- Agustín, tu eres mi apoyo, eres la única persona que me escucha, que me anima, eres la única persona que confía en mi y el único con quien quiero estar. No hagas caso de mi tristeza hoy, es simplemente que me siento un tanto derrotado, eso es todo.
- Pero, ¿Por qué?, vamos que ya vendrá algo mejor para ti... Si el proyecto pasado falló, ni modo, ya pensaremos en algo... Pero ¿Por qué lloras?
- ...
- Ignacio, por favor, mírame...

Ignacio se aparta de él, sentado en aquel sillón esconde su rostro entre sus propios brazos.

Agustín se levanta, ajusta la calefacción, camina a su alcoba de donde extrae un cobertor a cuadros estilo escocés, con el cual cubre la desnudez de su amado, lo abrazo, pero Ignacio sigue ahí ensimismado, llorando sin causa aparente. Agustín comienza a perder su calma habitual. Toma un cigarrillo de la cajetilla que esta sobre la mesa de centro, lo enciende. Camina de un lado a otro de la habitación, buscando una forma de entender lo que ocurre.

- Agustín, disculpa. Mira... no sé que me pasa, no es la primera vez, simplemente a veces siento que soy un completo inútil, y si no fuera por ti, yo ya... ya no estuviera aquí.
- ¡No digas estupideces!
- Es verdad, sin ti mi vida sería una basura, pero desde que estas conmigo las cosas están mejor. Pero a veces, también pienso, si no seré un lastre para ti, si yo no estoy consumiendo tu tiempo entre mis fracaso...
- Cállate, no digas eso, sabes que estoy contigo porque te quiero... deja de preocuparte por lo material... disfrutemos nuestro tiempo juntos...
- Es que no puedo seguir viéndote así, como el que resuelve mis problemas... incluso los monetarios...
- ¡Pero que insolente te pones!

Ignacio se incorpora, hace a un lado el cobertor, va hacia donde esta Agustín, quien le ha dado la espalda, lo abraza por la cintura, reposa su rostro en el hombro de su compañero.

- No quiero perderte nunca Agustín, nunca... pero tampoco quiero sentirme tan vacío.
- No sabes como me duele Ignacio cada lagrima que derramas, ver que no confías en ti... me aterra pensar que puedo perderte por tu inseguridad. Creo que te amo Ignacio, tampoco quisiera perderte, pero eres libre de hacer lo que te plazca.
- En días como hoy solo quisiera morirme... tomar un cuchillo y cortarme las venas... lo único que me detiene eres tu pequeño, eres tú – Lo abraza con más fuerza y oprime más su cuerpo contra el de Agustín – No sabes cuantas veces he querido dispararme en la sien o tomar un puñado de pastillas, pero no, apareciste tú pequeño, y deje de pensar en aquello.... gracias a ti pequeño – Lo toma por el cabello y gira violentamente el rostro de Agustín para besarlo salvaje y apasionadamente – Te necesito...
- Ven...- Agustín conduce a Ignacio a su alcoba, se recuestan en la enorme cama King Size. Entre besos y caricias caen en un profundo sueño.

- 2 -

Es de día cuando Agustín se despierta, va al baño, se ducha, se viste despacio mientras contempla el cuerpo perfecto que reposa en su cama... toma la gabardina de piel roja que compro en una escapada a Madrid en un Zara. No quiere dejar de mirar la espalda finamente trazada de Ignacio. No se cansa de ver su piel morena. Por impulso se acerca a él, acaricia su costado, besa su mejilla y le susurra al oído: - Vuelvo en seguida-.

Agustín abandona el edificio de apartamentos en dirección al antiguo delicatessen que esta un par de cuadras de su casa, no le ve objeto sacar su potente Saab 9-3 para un recorrido tan breve... sólo comprará un par de tintos de rioja, jamón serrano y queso de cabra, quizás un par de piezas de pan de ajo. Es una mañana de domingo, así que él e Ignacio irán a la plaza comercial, desayunaran cualquier cosa y Agustín comprará el DVD que le da vueltas por la cabeza... y por la tarde disfrutaran de la peli con una copa de vino y tapas...

- 3 –

Una corazonada, un mal presentimiento. Ignacio brinca de la cama, sabe su pequeño, su amor, ha salido, siente una opresión en el pecho. Se asoma por la ventana de la alcoba que tiene vista a la calle. Lo ve cargando un par de bolsas del delicatessen, abrigado por su gabardina roja. La serenidad regresa a Ignacio al verlo saludar desde la esquina. Agustín voltea a un lado y al otro antes de cruzar, una vez que se siente seguro se anima a cruzar la calle. Ignacio no pierde detalle.

Agustín no ha dado diez pasos cuando de la nada aparece a toda velocidad una Porsche Cayenne blanca, que no se detiene después de impactar al peatón que cruzaba con calma la calle.

Desde la ventana, desnudo e impotente, Ignacio deja fluir una lagrima. No sabe que hacer. El teléfono esta en el buró, al lado de la cama, pero el no puede dejar de contemplar absorto a Agustín, tendido en la calle en un charco de su propia sangre. Y en lo único que puede pensar Ignacio es que desearía ser el quien ocupará el lugar de Agustín.
- 4 -

Es un hecho, en los día nevados, la visibilidad disminuye...
Ilustración:
Untitled (Crouching Nude on Rail).
Francis Bacon 1952

domingo, noviembre 05, 2006

Metal tribute

6a entrega (ex temporánea) de las crónicas fronterizas.

No soy metalero. Sin embargo me presenté el viernes por la noche en “La Catarina”, al tributo a los grandes del Heavy Metal por un par de bandas locales, de cuyos nombres no me acuerdo.

¿Por qué caí ahí? Porque Pau es amiga de David, el vocalista de Draco (¿?), quien le hablo el viernes mientras ella y yo disfrutábamos unas copas en el único bar decente que he conocido por acá (y justo es darle una mención al Ricos Sports Bar), para recordarle que esa noche se presentaba.

Con una mirada Pau me dijo todo…

Llegamos al lugar, ella calzando sus sádicas botas con tacón de aguja que despertaban mis fantasías mientras a ella la torturaban. Por mi parte, disfrazado de ejecutivo en día de vestir informal (misma hazaña que realicé una par de años atrás cuando vestido de la misma forma visite el agujero punk más grande de este país, entiéndase el Tianguis Cultural del Chopo, en Ciudad de México; pero esa… es otra historia).

Ahí estábamos, en medio de chicas que me recordaban un video de Ashlee Simpson y chicos con playeras de Black Sabbath. Adultos contemporáneos que anhelaban su adolescencia rebelde. Punketos y metaleros de corazón: chamarras de cuero negro, maquillaje oscuro, melenas crecidas y barrigas cerveceras.

Me llamó la atención ver a un par de pequeñines con sus sudaderitas de Judas Priest, tomados de las manos de mamá, quien vestía como la mayoría de los presentes, una playera negra con el itinerario de una gira de “Killers”.

Llegamos tarde y no alcanzamos a ver a Draco, si al otro grupo (lamento no recordar su nombre), quienes prendieron en serio a la concurrencia con canciones de Judas Priest, Deo, Black Sabbath y Ozzy Osbourne.

Las imágenes proyectadas en la pared, la obscuridad del lugar, el slam que armaron los teenagers, me sumergieron en tontas divagaciones…

Para mis amigos ‘bien” soy muy hippie, para mis amigos hippies soy muy “niño bien”… para mis amigos darketos soy convencional, para mis amigos convencionales me la vivo en la senda oscura… pero ese soy yo, y agradezco poder disfrutar del escenario que me presenten.

Conocer a todo tipo de personas y acercarme a diversas formas de expresión que generan un acervo cultural propio, que crean arte. Y de cierta forma, el rock es cultura: su rebeldía, su crudeza, su estruendo, su actitud crítica, hasta su búsqueda de auto destrucción.

No, no soy metalero… ni punketo, ni dark, ni gótico, pero los disfruto enormemente.

Es por eso que le estoy sinceramente agradecido a Pau el haberme arrastrado a esta tocada, porque al final de cuentas… ¡¡¡Me la pase POCA MADRE!!!

LONG LIVE ROCK & ROLL!!!
Nota marginal:
Por un descuido no había checado los comentarios que mi buen Sheko y el amigo Fercho dejaron en un post anterior. Gracias chicos, Sheko, como siempre, hablas con la boca llena de razón, aunque te robes los comentarios de Proust y Leopoldo Díaz... Exito en Madrid (Sí, lo debo admitir, estoy verde de envidia). Fercho, gracias man!!! El six dalo por hecho (espero que no implique ser vetado en la Pape Glz.) echale ganas al libro...